Una parábola para los nuevos viñadores

XXVII Domingo Ordinario (Mt 21,33-43)

4 de Octubre de 2020

Este domingo reflexionamos la parábola de los viñadores asesinos. Es una sección controversial del evangelio que comenzó (Mt 21,23) cuando el sumo sacerdote y los ancianos le preguntaron a Jesús: “¿Con qué autoridad haces esto?” Jesús respondió con otra pregunta: “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo o de los hombres?” Cuando sus críticos rehúsan contestarle, Jesús tampoco les contesta. Entonces propone tres parábolas relacionadas con el juicio. Una de ellas es la que reflexionamos hoy. 

La parábola de los viñadores es una alegoría, es decir, una historia en que cada uno de los elementos (las personas, cosas y sucesos) tienen un significado simbólico:

• el dueño/Señor es Dios
• la viña es la nación de Israel
• los labradores son el pueblo de Israel y sus líderes religiosos
• los siervos son los profetas
• el hijo es Jesús
• los otros labradores seguramente son los discípulos de Jesús

Una vez que hemos entendido el código, el significado es claro. Jesús se refiere a Dios que:

• habiendo establecido un pacto con Israel (plantó su viña),

• envió a sus profetas (sus siervos) a quienes los labradores (los israelitas) mataron,

• envió a su hijo (Jesús) a quienes los labradores (los israelitas) también matarían,

• desplaza a los primeros labradores (juicio sobre Israel) para darla a otros que le pagarían el fruto a su tiempo (la nueva Iglesia).

Con este contexto, vamos a ver la parábola en detalle: el dueño de la viña manda a sus siervos a recolectar el fruto, pero los labradores los golpean y los matan. En este momento, la historia toma un giro inesperado y exagerado, porque lo normal sería que el dueño mandara a la policía o a los soldados para castigar a los labradores. Sin embargo, el propietario no actúa así. Tal vez entendamos esta actitud si recordamos que la historia trata sobre la gracia de Dios y, para que nos quede más clara la enseñanza, Jesús coloca esta sorpresa para subrayar el inmenso amor del Padre. 

Con buenos deseos, el dueño de la viña manda a su hijo pensando que los viñadores lo respetarán. Los viñadores, sin embargo, ven la muerte del hijo como su oportunidad para quedarse con la viña. Echan fuera de la viña al hijo antes de matarlo. Si lo hubieran matado dentro de la viña, la tierra se habría contaminado, se habría hecho impura, y habría peligrado la venta del producto. El asesinato fuera de la viña corresponde a la muerte de Jesús sobre el Gólgota, fuera de Jerusalén (Mt 27,33). “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Heb 13,12). La sangre de Jesús, contrario a la mentalidad de su época, sirve para purificar no para contaminar. Al padecer y morir “fuera de la puerta” está santificando tanto a los de adentro como a los de afuera. De esta manera, la vida que ofrece con su muerte se derrama para todos. 

Esta parábola puede llevarnos a pensar en la crueldad de los jefes de los judíos, pero esto no es todo lo que está implícito. Es cierto, Dios les ha quitado la viña a aquellos que no eran dignos y se la ha dado a aquellos que lo eran (los nuevos miembros de la iglesia). Sin embargo, el juicio pronunciado sobre los viñadores originales sirve como una advertencia para los viñadores actuales que somos nosotros. Por eso conviene preguntarse ¿estamos dando el fruto que Dios nos pide?

Este domingo reflexionamos la parábola de los viñadores asesinos. Es una sección controversial del evangelio que comenzó (Mt 21,23) cuando el sumo sacerdote y los ancianos le preguntaron a Jesús: “¿Con qué autoridad haces esto?” Jesús respondió con otra pregunta: “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo o de los hombres?” Cuando sus críticos rehúsan contestarle, Jesús tampoco les contesta. Entonces propone tres parábolas relacionadas con el juicio. Una de ellas es la que reflexionamos hoy. 

La parábola de los viñadores es una alegoría, es decir, una historia en que cada uno de los elementos (las personas, cosas y sucesos) tienen un significado simbólico:

• el dueño/Señor es Dios
• la viña es la nación de Israel
• los labradores son el pueblo de Israel y sus líderes religiosos
• los siervos son los profetas
• el hijo es Jesús
• los otros labradores seguramente son los discípulos de Jesús

Una vez que hemos entendido el código, el significado es claro. Jesús se refiere a Dios que:

• habiendo establecido un pacto con Israel (plantó su viña),

• envió a sus profetas (sus siervos) a quienes los labradores (los israelitas) mataron,

• envió a su hijo (Jesús) a quienes los labradores (los israelitas) también matarían,

• desplaza a los primeros labradores (juicio sobre Israel) para darla a otros que le pagarían el fruto a su tiempo (la nueva Iglesia).

Con este contexto, vamos a ver la parábola en detalle: el dueño de la viña manda a sus siervos a recolectar el fruto, pero los labradores los golpean y los matan. En este momento, la historia toma un giro inesperado y exagerado, porque lo normal sería que el dueño mandara a la policía o a los soldados para castigar a los labradores. Sin embargo, el propietario no actúa así. Tal vez entendamos esta actitud si recordamos que la historia trata sobre la gracia de Dios y, para que nos quede más clara la enseñanza, Jesús coloca esta sorpresa para subrayar el inmenso amor del Padre. 

Con buenos deseos, el dueño de la viña manda a su hijo pensando que los viñadores lo respetarán. Los viñadores, sin embargo, ven la muerte del hijo como su oportunidad para quedarse con la viña. Echan fuera de la viña al hijo antes de matarlo. Si lo hubieran matado dentro de la viña, la tierra se habría contaminado, se habría hecho impura, y habría peligrado la venta del producto. El asesinato fuera de la viña corresponde a la muerte de Jesús sobre el Gólgota, fuera de Jerusalén (Mt 27,33). “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Heb 13,12). La sangre de Jesús, contrario a la mentalidad de su época, sirve para purificar no para contaminar. Al padecer y morir “fuera de la puerta” está santificando tanto a los de adentro como a los de afuera. De esta manera, la vida que ofrece con su muerte se derrama para todos. 

Esta parábola puede llevarnos a pensar en la crueldad de los jefes de los judíos, pero esto no es todo lo que está implícito. Es cierto, Dios les ha quitado la viña a aquellos que no eran dignos y se la ha dado a aquellos que lo eran (los nuevos miembros de la iglesia). Sin embargo, el juicio pronunciado sobre los viñadores originales sirve como una advertencia para los viñadores actuales que somos nosotros. Por eso conviene preguntarse ¿estamos dando el fruto que Dios nos pide?

La gente de todas las épocas tiene la opción de aceptar o rechazar a Jesús. Si lo aceptamos como nuestra piedra angular se convierte en nuestro seguro fundamento; si lo rechazamos, nosotros salimos perdiendo. ¿Cuál es la piedra donde nos apoyamos? 


P. Tony Escobedo, c.m.

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