Domingo de la Santísima Trinidad

ICONO DE LA TRINIDAD DE ANDREI RUBLEV

Hoy, fiesta de la Santísima Trinidad, me gustaría contarles una anécdota que se le atribuye a san Agustín cuando meditaba sobre el misterio que celebramos en este día. La historia es muy conocida, lo que no es tan conocido son las tres enseñanzas que brotan de ella. Prestemos atención: 

Un día san Agustín paseaba por la orilla del mar reflexionando sobre la doctrina de la Trinidad. De repente, alzó la vista y vio a un niño jugando en la arena. Se deleitaba viendo que el niño corría hacia el mar, llenaba un recipiente con agua y regresaba a donde estaba para vaciarlo en un pozo que había cavado. San Agustín, sumido en gran curiosidad le preguntó al niño qué pretendía. El niño le respondió que quería meter toda el agua del mar en su pozo. San Agustín se rió diciéndole que eso era imposible. Pero el niño le respondió muy convencido: es más fácil que yo meta toda el agua del mar en mi pozo a que tú comprendas el misterio de Dios. 

De la anécdota obtenemos tres lecciones: 

a) El misterio no es algo aterrador, espeluznante, sombrío ni imposible de acceder. Por el contrario, el misterio de Dios es una realidad tan inmensa que, aunque no podemos comprenderla por completo, es vital adentrarnos en el misterio porque siempre habrá una riqueza que nutra nuestra existencia, siempre tendrá algo con qué sorprendernos gratamente. 

b) El misterio de la Santísima Trinidad no podemos comprenderlo por completo, pero eso no significa que sea una realidad inaccesible o incomprensible. Precisamente por eso Jesús se encarnó en nuestro mundo para revelarnos quién es el Padre y para darnos al Espíritu Santo. Dios está más cerca de lo que podemos imaginar y desea que lo conozcamos. 

c) El agua del mar es como el amor de Dios y el pozo del niño es como el corazón del ser humano: el mar siempre tiene agua mientras que el pozo siempre necesita llenarse. Nosotros podemos ir al mar con la certeza de que siempre tendremos agua para nuestro pozo; igualmente, siempre podremos ir a Dios con la seguridad de que encontraremos amor para nuestro corazón.

«Nos has hecho, Señor, para ti; y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti» (san Agustín).

P. Tony Escobedo, c.m.

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(P. Tony Escobedo c.m.)

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